Gastrología: Entrevista con Roberto Meira
3011 2010
Entrevista con Roberto Meira, geólogo y profesor adjunto de Ingeniería Geológica en la UN de Medellín, Colombia.
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(A continuación se transcribe un extracto de la serie de entrevistas mantenidas vía Skype con el Prof. Meira durante los meses de Octubre y Noviembre. El texto que sigue es una selección del material obtenido.)
Eyjafjalla: En primer lugar, gracias por la atención prestada Prof. Meira.
Meira: Encantado de contestar a sus preguntas.
E: Resulta interesante el poder valorar la capacidad de materia desplazada por la erupción del Eyjafjalla. ¿Es posible hacerlo?
M: Actualmente tenemos las herramientas para poder establecer una medición provisional, aunque dado el carácter no uniforme de los estratos de la corteza terrestre, sería necesario un estudio pormenorizado. Una erupción volcánica fuerte resulta ser un fenómeno físico muy complejo, en el que interviene la liberación de una enorme cantidad de energía en forma de calor y radiación de todas las longitudes de onda. Por su baja densidad los materiales ascienden arrastrando una columna de polvo vaporizado mientras se va mezclando turbulentamente con el aire circundante. Al llegar a la tropopausa se ensancha formando el característico hongo, dejando después un rastro radiactivo en los territorios a sotavento de la explosión.
E: ¿La erupción volcánica puede contener por tanto radiación?
M: Está documentada la existencia de fumarolas radiactivas que tienen su origen en erupciones volcánicas con un alto contenido lacustre. Los estudios de Iwasaki y Kamada en Japón son un buen ejemplo. En erupciones localizadas en áreas con un contenido geomorfológico singular, como Japón, o Islandia, la presencia de Radio, Tungsteno, Radón o incluso Ununoctio ha sido detectada, aunque aún no podemos hablar de un contenido radiactivo potencialmente peligroso.
E: ¿Qué produce exactamente una cráter volcánico?
M: En alguna decena de segundos la mitad aproximadamente del total de 20 kilotones de energía liberada por una detonación se deposita por radiación electromagnética en una masa de aire equivalente a una semiesfera de 200 m de radio volviéndose incandescente (la famosa bola de fuego, de color rojo). El rapidísimo calentamiento tiene lugar a volumen constante y supondremos que de manera uniforme en todo su volumen. En el caso del Eyjafjalla, la rápida ascensión y vaporización de áreas lacustres cercanas generó una explosión adiabática que, si bien no fué violenta, precipitó a gran velocidad estos compuestos radiactivos en la ya famosa nube del volcán.
E: Es característico de la vulcanología la capacidad de predecir movimientos sísmicos con precisión. En el caso de la nube volcánica del Eyjafjalla ¿Resulta factible poder predecir su movimiento o composición?
M: Una de las peculiaridades de las erupciones volcánicas es su carácter adiabático, que presupone una pérdida mínima de energía durante la emisión. A lo largo del proceso de vaporización, las cenizas y demás elementos son propulsados a la tropopausa a gran velocidad; esto conserva los detritos y piroclastos emitidos en un estado cercano a la liofilización. Esta característica, unida a su gran volatilidad, permitiría un estudio pormenorizado de estas grandes nubes volcánicas. Por el momento el interés de este fenómeno estriba en los efectos reguladores de temperatura que provocan. La comunidad científica en general atiende a los efectos termorreguladores de estas erupciones, y su impacto en lo que conocemos como “cambio climático”.
E: Dado esto; ¿Es posible que estas emisiones de gas radiactivo supongan un beneficio atmosférico?
M: Hoy en día tenemos documentados descensos de temperaturas provocados por erupciones volcánicas desde la última erupción del Pinatubo en 1991 o el Krakatoa en 2001. Aunque estos efectos se detectan sobre todo en magmas félsicos de alta densidad, es la sedimentación posterior lo que cuenta, ya que determina posibles cambios en la corteza terrestre visibles en un corto lapsos de tiempo. Estos piroclastos radiactivos en suspensión suelen ser masivos, a menudos finamente laminados, y de depositan preferentemente en zonas de topografía deprimida, mientras que los segundos suelen ser materiales caóticos, sin laminación clara, que se depositan en estratos perfectamente paralelos a la topografía.
Las diferencias térmicas de subida-bajada pueden determinar aún mas el proceso mediante el cual estos detritos volcánicos regresan al manto terrestre. No obstante, aún no es posible vincular directamente el efecto de estos piroclastos con cambios térmicos que sean interpretados como beneficiosos. Es pronto para especular con esta posibilidad.
E: Todos hemos podido ver el efecto mediático del volcán islandés. Televisiones, diarios y radios de medio mundo han resaltado el impacto socioeconómico y hasta político en el contexto europeo. En su opinión ¿Cómo cree que afectará este suceso a las relaciones internacionales?
M: Existen departamentos específicos de Vulcanología, Geología Económica e Ingeniería Geológica que mantienen estudios de largo recorrido sobre ello. Resulta complejo rastrear el impacto de un evento geológico dada su enorme escala temporal de actuación. Los estudios económicos resultan inadecuados ya que soslayan, por ejemplo, el efecto de los piroclastos radiactivos en contacto con la superficie terreste, y la capacidad de éstos para modificar grandes áreas de corteza. Estas modificaciones, como la nueva unión de silicatos y actínidos que se producen en el manto, resultan en nuevas unidades estratigráficas, y a su vez en nuevos desplazamientos de estratos que llegan a alcanzar más de 2.200 metros de profundidad en menos de un siglo, algo importantísimo para la planificación de la agricultura.
Por otra parte, los gobiernos no suelen atender a este tipo de escalas geológicas. Pretender relacionar la identidad nacional con la estructura geomorfológica equivale, en mi opinión, a explicar la gastronomía desde la astronomía (risas). El problema estriba en continuar con la antigua idea de un entorno geológico estático, sobre el cual se consolida una estructura social. Investigadores como Kedouric-Feller han puesto énfasis en el rasgo esencialmente dinámico de las unidades estratigráficas continentales, y aún más de las oceánicas. Dado esto, es posible, como el propio Feller proclama, establecer correlaciones geológicas y sociales de estos fenómenos dado un rango temporal. Los movimientos migratorios del litoral sur europeo durante la década de los 80, por ejemplo, se corresponden de un modo asombroso con desplazamientos de la Placa Euroasiática en zonas límitrofes del Egeo y Anatolia. Esta propuesta es revolucionaria ya que equipara también movimientos esencialmente migratorios y geopolíticos a los ciclos migratorios de otros seres vivos, como aves, mamíferos o criaturas marinas.
Aunque no se trata de establecer una lectura determinista ambiental de los flujos geológicos o geopolíticos, la comunidad científica comienza a revisar las interacciones entre estas disciplinas. Esto ofrecerá pronósticos muy estimulantes para el futuro, donde la Ingeniería Geológica o la Vulcanología cumplirán un papel decisivo.
E: Gracias por su aportación y por su tiempo Prof. Meira.
M: Ha sido un verdadero placer. Les animo desde aquí a continuar con sus investigaciones. Saludos desde Medellín.

